Bernardo Pérez, ganador de un Fondart: “Llevé a mi cuerpo al límite del cansancio y pasé hambre”
Oriundo de Concepción, donde la música puede encontrarse en cada lugar bohemio, Bernardo Pérez Escárate es un joven multi instrumentista y ganador de un Fondart.
El regreso de la presencialidad tras pandemia estuvo marcado por una creciente escena musical. No por nada en octubre de 2023, Concepción fue declarada Ciudad Creativa de la Música por la UNESCO. Estudiante de pedagogía en música y encargado de la percusión de la banda “Cuando el problema no existe”, cuenta con interesantes historias, algunas fuertes, otras anecdóticas, como cuando abandonó la seguridad de la ingeniería para abrazar la incertidumbre del arte y la autogestión.
Los hobbies de Bernardo
Hijo de un economista y una profesora, Bernardo creció rodeado de incentivos para explorar sus habilidades. Pasó por el dibujo, la escultura e incluso el parkour, destacando siempre por su excelencia académica. Sin embargo, la música fue la única disciplina que logró retenerlo. Según explica, la falta de una competitividad excesiva y la naturaleza social del arte hicieron la diferencia. Para él, la música es un hogar que transformó su infancia solitaria en algo compartido, donde además usa el cuerpo completo para expresar emociones.
La expresión emocional es lo que lo llevó a identificarse con el Emo, género que va mucho más allá de la tristeza. Bernardo se define como una persona melancólica y guiada por sus afectos, encontrando en el escenario un espacio de catarsis donde puede rendirse a sus sentimientos frente a un público que, en sus palabras, siempre ofrece un “apañe” incondicional.
Pero el camino para profesionalizarse y terminar siendo ganador de un Fondart no fue fácil, tras abandonar Ingeniería Civil Electrónica en plena pandemia, punto de inflexión que lo dejó inicialmente “en blanco”, surgió una oportunidad que cambiaría su vida para siempre: una gira internacional tocando música celta, así a los 19 años, Bernardo Pérez se embarcó en una travesía “circense” de un año por Argentina y el Reino Unido.
La dura experiencia que casi lo lleva a abandonar la música
Fue una experiencia extrema: tuvo que aprender un repertorio de 180 canciones. Estudiar arreglos y composición, y enfrentarse a la dureza de la carretera. “Llevé a mi cuerpo a su límite de cansancio, de estar incluso pasé hambre”, relata al recordar los días viajando en furgones para tocar ante miles de personas en Escocia. El agotamiento fue tal que, al regresar a Chile, estuvo a punto de abandonar la música. Frustrado y colapsado. Fue su ingreso a “Cuando el problema no existe” lo que actuó como un pilar fundamental para recuperar su identidad, regresando al estilo que amaba desde los 12 años.
Hoy, la carrera de Bernardo Pérez vive un momento estelar tras convertirse en ganador de un Fondart para grabar un álbum de larga duración. Este reconocimiento no solo valida su esfuerzo, sino que le permite acceder a Estudios del Sur, uno de los estudios más prestigiosos de Chile, por donde han pasado figuras internacionales como Mac Miller. El proceso de creación del disco, sin embargo, ha estado marcado por la adversidad personal: inundaciones en su estudio, hospitalizaciones de miembros de la banda y rupturas amorosas. Estas experiencias han transformado el tono del álbum, que originalmente buscaba ser alegre, hacia uno más oscuro y emotivo, reflejando las recaídas y la búsqueda del bienestar en medio del caos.
La música como un compromiso con la comunidad
Más allá del éxito individual, Pérez mantiene un compromiso inquebrantable con su comunidad, llevando música a través del colectivo “Humedales Secos”. Su labor allí es puramente de gestión cultural, buscando crear espacios seguros, familiares y accesibles para el arte local. Para Bernardo, la autogestión es una herramienta política poderosa frente a un mundo “sistemáticamente violento”.
Su mensaje es claro: el arte no es solo entretenimiento, sino una forma de construir un capital comunitario. Con la mirada puesta en futuras giras por México, Perú o Colombia, Bernardo Pérez sigue demostrando que la disciplina y la pasión pueden convertir un sueño en un proyecto de vida profesional. Esto, sin perder nunca la sensibilidad que lo llevó a sentarse tras una batería por primera vez.