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VILLA LOS BOLDOS: entre tranquilidad, comunidad y áreas verdes

En Tomé, Villa los Boldos ha construido su identidad como un lugar marcado por la comunidad, sus amplias áreas verdes y la tranquilidad que predomina en el lugar. Sin embargo, el paso del tiempo ha transformado la vida comunitaria y sus espacios.

Lo que comenzó como un lugar para establecerse en 2003 se ha convertido, en un espacio donde predominan las familias y una forma de vida muy tranquila. A lo largo de su trayectoria, la villa ha enfrentado varios cambios, desde sus viviendas, sus espacios comunes y la vida de sus propios habitantes. 

En un inicio, las viviendas, construidas por la inmobiliaria Valmar, fueron entregadas con una distribución sencilla. Según recuerda Ruth Mella, vecina que llegó en ese mismo año, las casas contaban con los espacios básicos, las casas venían sin pisos y sin rejas, por lo que los habitantes se tuvieron que responsabilizar según sus posibilidades.

vecina de villa los boldos

“Las casas eran sencillas, 2 pisos, eran 2 dormitorios, baño y un living, comedor, cocina, todo junto”, recuerda Ruth los inicios de su casa.

Poco a poco y con los años, la comunidad de Villa los Boldos, empezó a ampliar su terreno, creando más áreas verdes que se acomodaban a cada familia y a sus necesidades, respetando siempre la tranquilidad del lugar.

Crecimiento de la villa y su comunidad

Durante sus primeros años, Villa Los Boldos se caracterizaba por la presencia de niños que jugaban en las calles y utilizaban las áreas verdes como espacios de encuentro. Para mi vecina Ruth, esos recuerdos forman parte de la identidad de nuestra villa, especialmente porque las plazas se mantenían cuidadas y ofrecían un lugar agradable para compartir.

La vecina recuerda que las áreas verdes tenían pasto bien mantenido, árboles y asientos que permitían a los residentes disfrutar del exterior. Sin embargo, con el paso del tiempo, algunos de estos espacios fueron modificados.

área verde villa los boldos

A diferencia de aquellos años, actualmente la villa cuenta con menos niños. Muchos de quienes jugaban en sus calles crecieron, terminaron sus estudios y comenzaron nuevas etapas de sus vidas. Los niños que se ven hoy corresponden, en varios casos, a los nietos de varios vecinos que solo pasan de visita.

Este cambio refleja una transformación generacional: las familias que llegaron cuando la villa recién comenzaba a consolidarse han permanecido en el sector, mientras que sus hijos han dejado atrás la infancia que compartieron en sus espacios comunes.

La tranquilidad como sello de la villa

Uno de los aspectos que Ruth más valora de Villa Los Boldos es la tranquilidad, las áreas verdes y la comunidad desde sus inicios. Después de más de dos décadas viviendo en el lugar, destaca mantener una vida cotidiana sin los conflictos vecinales que, según señala, pueden presentarse en otros sectores.

La relación con los vecinos ha sido una parte importante de su experiencia. Durante los primeros años, la comunidad participaba en reuniones y actividades organizadas en la sede vecinal. Entre ellas se encontraban celebraciones del Día de la Madre, las Fiestas Patrias y encuentros navideños, instancias que permitían fortalecer los vínculos entre las familias.

Con el tiempo, estas actividades disminuyeron y la Navidad se convirtió en una de las pocas celebraciones comunitarias que permanecen. Aunque la participación colectiva ya no es la misma, Ruth destaca que conserva buenas relaciones con gran parte de sus vecinos y que la cortesía entre vecinos es fundamental.

La tranquilidad también se relaciona con el carácter residencial del sector. De acuerdo con su testimonio, gran parte de las viviendas pertenecen a sus propios habitantes, mientras que los arrendatarios son menos numerosos. Esta permanencia ha contribuido a que algunas relaciones vecinales se mantengan durante años.

Casas de villa los boldos

El futuro: conservar las áreas verdes y prevenir riesgos

Al imaginar cómo le gustaría que fuera Villa Los Boldos dentro de los próximos 15 años, Ruth espera que el sector continúe mejorando, especialmente en aspectos como los caminos, el cuidado de las áreas verdes y que su comunidad siga intacta. Su deseo es que la villa conserve las características que la hacen agradable para sus habitantes y que las futuras generaciones puedan disfrutar de un entorno cuidado.

Sin embargo, existe una preocupación que considera especialmente importante: el riesgo de incendios. La cercanía entre las viviendas podría facilitar la propagación del fuego si se produjera una emergencia en alguna de ellas. Por esta razón, la prevención y la preparación de la comunidad aparecen como aspectos relevantes para resguardar a las familias y sus hogares.

Después de 23 años, Villa Los Boldos continúa siendo para Ruth Mella mucho más que un conjunto de casas. Es el lugar donde ha construido relaciones, acumulado recuerdos y desarrollado una vida que no cambiaría por otra. Aunque las calles ya no están llenas de niños como antes, las áreas verdes, el vínculo con los vecinos y la tranquilidad siguen formando parte de su identidad.

La historia de esta villa de Tomé demuestra que los barrios evolucionan junto con sus habitantes. Las viviendas se transforman, las generaciones crecen y las costumbres cambian, pero permanece el desafío de cuidar los espacios compartidos y mantener una convivencia que permita a sus residentes seguir sintiéndose parte de una comunidad..

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