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Villa San Valentín: La comunidad enfrenta desunión y delincuencia 

Villa San Valentín se caracteriza por su belleza, con una comunidad que permanece desde hace más de cuatro décadas, nadie pensaría que es inseguro, pero la desunión y la delincuencia es algo ha llamado la atención últimamente.

Es un lugar que expresa tranquilidad, compuesto de casas con pintura nueva y jardines recién podados, algunos más que otros, pero sin duda cada hogar transmite una esencia de agrado visual.

Los primeros vecinos llegaron al sector hace aproximadamente 40 años, en ese entonces todo era inhóspito, puesto que aún había terrenos vacíos.

Aquellos que no tenían auto debían tomar micro en el sector aledaño porque no habían recorridos más cercanos.

San Valentín contempla aproximadamente 300 casas, las cuales se concentran entre las calles José de Garró y Gobernador Juan Henríquez.

Es un espacio angosto pero muy bien ubicado. Además, el sector colinda con Santa Sabina hacia el lado derecho y con Lomas de San Andrés hacia el lado izquierdo.

Un relato desde la comunidad

La vecina Cecilia Oñate es de las más antiguas y cuenta que las casas de este lugar, en aquellos años costaban el triple de lo que salía comprar en cualquier otro barrio de Concepción. Sin embargo, su familia logró comprar gracias al beneficio otorgado por una empresa eléctrica en la que trabajó su esposo.

Ella mencionó que no fue la única y que otros vecinos también llegaron allí por ser trabajadores de la misma empresa o del Banco Estado. 

Cecilia habla de la inseguridad y la poca humildad que ve en la comunidad de Villa San Valentín, dos conceptos que han influido en el incremento de la delincuencia, y reflejan la desunión entre los residentes.

La casa de la vecina Oñate tiene un antejardín frondoso, lleno de plantas y flores, ella es una amante de la jardinería y comenta que muchas veces arreglando su terreno ha encontrado bolsos, documentos, incluso zapatillas.

Con esas afirmaciones ella concluye que siempre ha estado presente la delincuencia, sin embargo, otros vecinos aseguraron que este problema se incrementó este año en los últimos meses.

La belleza no quita lo inseguro

A Cecilia le han robado 3 veces, sin embargo, admite que fue descuidada y en ocasiones se confió por estar en un sector privilegiado. “La ocasión hace al ladrón” afirmó para referirse a esa vez que le robaron el auto.

Todo sucedió cuando llegaron luego de un viaje, entraron a su casa brevemente para atender a su mascota y al salir el auto ya no estaba. “No vimos a nadie, pero estos tipos andan rondando”.

La estructura de las primeras casas es de un piso, con rejas bajas, jardines de entrada, estacionamientos y patios traseros. 

Por otra parte, el vecino José Aguayo llegó en el año 1989 y explica que la estructura de las casas no ha cambiado. Hizo énfasis en ventanas alargadas hasta el suelo y con una terminación cóncava en la parte de arriba. Un estilo muy particular que se conserva en las edificaciones de esta villa.

Con el tiempo han implementado cámaras de vigilancia, botones de pánico y alarmas de seguridad. Pero la junta de vecinos carece de una directiva sólida que establezca estrategias para disminuir la cantidad de robos.

Hasta la fecha se cumplen 15 días sin ningún robo, gracias a un grupo de vecinos que se organizó para hacer rondas nocturnas, pero Cecilia afirma que esto era necesario mucho antes, y debido a la poca comunicación no se anticipó.

Entre la desunión y la delincuencia

En el mismo marco, la junta vecinal se encuentra juntando firmas para la conformación de un Tricel, con el fin de convocar a votación para elegir una directiva, ya que según Cecilia el expresidente renunció hace más de seis meses.

Por otro lado, la Sra. Oñate habla del individualismo y la pérdida del sentido de comunidad, ella diariamente saluda a aproximadamente a tres personas.

Justifica que se debe a los vecinos que han llegado con el tiempo, los identifica como personas con más dinero, ostentosos y miradores en menos. Ella lo visualiza en un taller de tercera edad al que asiste y ve como segregan a las personas que aparentan tener menos.

Cecilia crítica que “no se celebra nada”, durante las festividades se mantiene todo en silencio y nadie se saluda. Además, se refiere a situaciones difíciles que han vivido algunos vecinos, “si alguien se muere o se enferma siempre va a haber necesidades y la comunidad está para ayudarse pero aquí no”

Dentro de las cosas positivas de la villa, ambos entrevistados coinciden en que la mayor virtud de vivir en San Valentín es la ubicación, ya que está muy cerca del Mall Plaza Trébol, aunque cuando ellos llegaron aún no existía, también está muy cerca del centro de Concepción y de la Universidad Católica.

Finalmente, la Villa San Valentín tiene un aspecto muy family friendly, pero la calma que transmite no es la misma con la que vive la comunidad, actualmente la desunión los ha llevado a pasar por momentos difíciles y la belleza provoca lo inseguro, una situación que los llevará a unirse para afrontar la delincuencia.

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