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Hojalatería El Lonko: el taller de Vicuña Mackenna que resiste en Concepción a pesar de los cierres de locales en el sector

En la avenida Vicuña Mackenna, ubicada en Concepción, se encuentra el taller Hojalatería El Lonko, lugar que, a pesar de la crisis económica y a los constantes cierres de locales comerciales a su alrededor, se mantiene operando en busca de mantener vivo el oficio artesanal.

Juan Carlos Painequeo es un maestro hojalatero con cuatro décadas de trayectoria. Guiado por un vecino que le enseñó lo básico de esta labor artesanal, comenzó a trabajar en el rubro a los 18 años. Lo que comenzó como un pasatiempo, pronto se convirtió en su pasión y sustento, ya que durante 2015 decidió abrir su taller.

“Yo andaba buscando un nombre ahí porque también quería postular a la CONADI que para los emprendedores hay beneficios (…) buscando por mi apellido me dije que iba a echar a andar el taller con un nombre en mapudungun que se llama Lonko que significa jefe y ahí empezó, puse mi letrero y ahí fue avanzando el taller”. Tras su exitosa postulación, la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena le otorgó a Juan lo necesario para avanzar en su emprendimiento.

Gracias a este aporte, Juan Carlos pudo equipar su espacio con herramientas para potenciar su producción y consolidar la identidad de su negocio. Esto no solo le permitió formalizar su trabajo, sino también demostrar que el conocimiento y el esfuerzo podían transformarse en un proyecto duradero.

A pesar de su funcionamiento, este taller actualmente se encuentra viviendo su peor momento. Painequeo menciona que el trabajo ha sido poco durante los últimos meses, pero que no tiene pensado cerrar lo que tanto le costó formar.

Sin embargo, Hojalatería El Lonko contrasta con el panorama que atraviesa su entorno en Concepción, ya que Vicuña Mackenna ha presenciado los cierres y la crisis de distintos locales. Debido a la pronunciada baja de ventas y apoyo, los vecinos se han obligado a bajar las cortinas de sus negocios familiares.

El panorama comercial en Vicuña Mackenna

En las últimas dos décadas, esta población ha sido testigo del cierre de almacenes de barrio, vulcanizaciones, mueblerías, pastelerías y carros de comida rápida en poco tiempo.

Un claro ejemplo es “Provisiones Lorena”, un local atendido por su dueña Lorena Bastias por más de 10 años hasta su quiebra en el 2008. Por otro lado, “Bazar y paquetería Pequeña Maravilla”, creado por Patricia Jerez, logró estar por más tiempo pero terminó cerrando sus puertas por la misma razón.

Otro caso es el de “Banquetearía y Pastelería Dulce Flor”, una pyme familiar comenzada en 2008 por Flor María Ramírez. Este emprendimiento se mantuvo gracias a su transformación en proveedor de diferentes instituciones y particulares.

Poco después de la pandemia, el local se reinventó y comenzó a hacer delivery y envíos a distintas partes del Gran Concepción. Posteriormente dio paso a una pastelería y cafetería que dejó de estar disponible al público en 2024.

“La razón principal del cierre fue porque ya terminando la pandemia, tenía mucho más trabajo con los eventos y eso, entonces me requería un un mayor sacrificio físico y mental porque tenía dos personas trabajando, pero también era bastante el trabajo, y ahí sufrí un accidente por lo mismo, así que prioricé mi mi salud más que seguir con dos cosas”.

El apoyo de los vecinos hacia los comerciantes

Respecto al compromiso de la comunidad, la emprendedora remarcó la falta de acompañamiento de los residentes, atribuyendo el éxito de su cafetería a su antigua clientela más que al consumo de los vecinos.

“Como bien dice el dicho, nadie es profeta en su tierra, también consideraba que habían personas que como que no vinieron en realidad. Pero sí me siguieron mis clientes que tenía de antes, así que igual acá entregaba y todo. Era más como una vitrina”.

Esta misma falta de respaldo por parte del entorno afectó a iniciativas más recientes, como el carro de comida rápida “Dónde el Guatón”. Tras no conseguir el flujo de ventas ni la respuesta esperada por parte de los residentes de la zona, Patricio Barrera decidió cerrar este carro.

El cierre progresivo y en tan poco tiempo de estos locales deja al descubierto una problemática que va más allá de las cifras económicas. El desvanecimiento de la vida comunitaria y del comercio de barrio a los pies del Cerro La Pólvora es notable.

Esto ha provocado una brecha social y una clara falta de confianza entre los vecinos y los pequeños emprendedores del sector.

Frente a esta realidad, sostener un negocio en la zona se ha convertido en un acto de resistencia diaria. Los pocos comerciantes que aún permanecen operando deben lidiar constantemente con el aumento de los costos de vida y la falta de clientes.

Mientras la incertidumbre persiste sobre la avenida Vicuña Mackenna, Hojalatería El Lonko se mantiene, y recuerda la importancia de valorar y apoyar el trabajo de quienes, con esfuerzo, luchan día a día por no dejar morir sus empleos.

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