Condominio Talita Kum de Punta de Parra: la convivencia después de 20 años de espera
En Punta de Parra, comuna de Tomé, el condominio Talita Kum de Punta de Parra puso fin a una larga espera para 160 familias que durante cerca de dos décadas soñaron con tener una vivienda propia. El 10 de enero de 2025 se realizó la entrega del conjunto habitacional, en una ceremonia encabezada por el entonces presidente Gabriel Boric. Las casas y los departamentos marcaron el comienzo de una nueva etapa para quienes, después de 20 años, pudieron finalmente establecerse en el lugar.
Recibir las llaves también significó empezar a compartir espacios, organizarse y resolver los problemas propios de la convivencia. Las plantas, los niños y las mascotas ayudaron a traer vida al silencioso condominio Talita Kum, pero los conflictos no ocurren el las afueras, sino en los pasillos de los edificios.
En la Torre 5, la necesidad de arreglar el pasillo terminó generando un conflicto por el dinero reunido para comprar los materiales. Lo que parecía una tarea sencilla de mantención abrió una discusión entre los vecinos sobre la confianza y la responsabilidad en el uso de los recursos comunes.

Un condominio que tardó dos décadas en concretarse
La historia del condominio Talita Kum comenzó mucho antes de que sus habitantes recibieran las llaves. Para las familias beneficiadas, acceder a una vivienda significó cerrar un período de espera que se extendió por cerca de 20 años. La entrega se concretó en el marco del Plan de Emergencia Habitacional, impulsado por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo.
El conjunto habitacional está compuesto por 96 departamentos distribuidos en seis torres de cuatro pisos y 64 casas, que en total benefician a 160 familias. Además de las viviendas, el proyecto contempla espacios comunes destinados al encuentro y la recreación, como áreas verdes, juegos infantiles, una cancha multiuso y una sede comunitaria.

Con la entrega de las viviendas comenzó otra etapa: construir una vida en comunidad. Compartir un espacio implica organizarse, llegar a acuerdos y hacerse cargo de necesidades que afectan a todos. En la Torre 5, una de esas necesidades fue arreglar el pasillo del edificio. Los vecinos querían comprar los materiales y aprovechar las ofertas disponibles, por lo que insistieron en concretar la compra.
Una reunión que cambió el rumbo de la compra
La insistencia de los vecinos por comprar los materiales terminó poniendo presión sobre Lilian Echeverría, encargada de administrar los recursos de la torre. Ante la situación, convocó a una reunión en la que reconoció que había utilizado parte del dinero comunitario para un asunto personal. Debido a ello, los fondos ya no estaban disponibles para realizar la compra prevista.
La noticia provocó distintas reacciones entre los asistentes. Mientras la mayoría de los vecinos se mostró comprensiva con lo ocurrido, también hubo quienes cuestionaron el uso de un dinero que estaba destinado a una necesidad compartida.
Durante la reunión se acordó que Lilian devolvería el dinero en enero. De esta manera, la compra de los materiales quedó pendiente y la situación abrió una discusión sobre la administración de los fondos comunes y los compromisos que se asumen dentro de una comunidad.
Dos maneras de enfrentar el conflicto
No todos los vecinos reaccionaron de la misma manera. Aunque varios comprendieron la situación de Lilian, Sofía Mendoza tuvo una postura distinta. Su experiencia como tesorera en distintas organizaciones influyó en su manera de abordar el uso del dinero comunitario.
“En los años que llevo siendo tesorera en diversas cosas, jamás se me pasó por la cabeza robar”, afirmó Sofía al referirse a lo ocurrido.
Su posición contrastó con la comprensión que mostraron otros residentes. Las diferencias dejaron en evidencia que un mismo hecho puede interpretarse de distintas maneras, especialmente cuando están en juego la confianza y la responsabilidad en el manejo de los recursos compartidos.
El conflicto en la Torre 5 no se limitó a la compra de materiales para el pasillo. También puso sobre la mesa las distintas expectativas que existen respecto de la administración del dinero común y el cumplimiento de los acuerdos entre vecinos.
Una versión pendiente
Cuando Lilian supo que el tema sería abordado en este reportaje, declinó entregar declaraciones y tampoco quiso facilitar una fotografía. Por ello, no fue posible incorporar su explicación sobre el uso del dinero ni conocer su versión respecto del acuerdo de devolución.
El compromiso de restituir los fondos en enero quedó como un punto pendiente dentro de la situación. Mientras tanto, la reparación del pasillo continúa ligada a la disponibilidad del dinero y a los acuerdos que puedan concretarse entre los residentes.
La convivencia después de recibir las llaves
El condominio Talita Kum de Punta de Parra representa el fin de una espera de casi dos décadas para las familias que consiguieron una vivienda. Sin embargo, recibir las llaves también supone asumir nuevas responsabilidades, desde mantener los espacios comunes hasta resolver las diferencias que puedan surgir entre quienes comparten un mismo lugar.


En la Torre 5, la reparación de un pasillo terminó convirtiéndose en una discusión sobre el dinero, la confianza y los compromisos adquiridos. Las distintas reacciones de los vecinos muestran que vivir en comunidad no significa pensar de la misma manera, sino encontrar formas de enfrentar los desacuerdos y hacerse cargo de los asuntos que afectan a todos.
La entrega de las viviendas marcó el comienzo de una nueva etapa para las familias. Ahora, parte de ese proceso también pasa por la manera en que sus habitantes se organizan, cuidan los espacios compartidos y responden a las responsabilidades que han asumido.