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Veneno: Referente en la representación mediática y visibilidad para las mujeres trans en el ecosistema audiovisual

La serie “Veneno” ha logrado transformar y da visibilidad la vivencia de las mujeres trans, mediante una representación mediática realista y sin matices. La producción audiovisual expone los efectos del sensacionalismo televisivo y reivindica narrativas que históricamente han sido marginadas.

Basada en el libro: “Digo: ni puta ni santa” Las memorias de La Veneno, de Valeria Vegas. La serie reconstruye la historia de Cristina Ortiz Rodríguez “La Veneno” desde una mirada profundamente humana y critica. Que muestra una realidad que durante décadas ha sido invisibilizada o distorsionada por
los medios de comunicación tradicionales.


¿Quién fue “La Veneno”?

Cristina Ortiz Rodríguez, fue una mujer trans española, que saltó a la fama en los años
noventa, al ser grabada por una periodista mientras ejercía el trabajo sexual. Desde ahí,
gran parte de la imagen pública de Cristina estuvo marcada por un sensacionalismo
televisivo único. Su presencia en la pantalla estuvo frecuentemente asociada al espectáculo y al morbo televisivo, mientras aspectos fundamentales de su vida quedaban relegados a un segundo plano.

Cristina Ortiz fue uno de los personajes más explotados por la televisión española de los años noventa. Los programas aprovecharon su carisma, espontaneidad y capacidad para generar audiencia. También utilizaron el morbo que provocaba ver a una mujer trans bella y desafiante en la pantalla. Su figura fue convertida en espectáculo constante. Detrás de las cámaras, pocas veces existió interés por su bienestar emocional o personal. La industria televisiva construyó un personaje exagerado y polémico. Sin embargo, dejó de lado a la mujer vulnerable que enfrentaba discriminación, violencia y abandono.

La representación y la persona

La serie propone una mirada distinta, no se limita al personaje mediático de los 90’s, sino que reconstruye su historia desde la infancia hasta su muerte. Permitiendo comprender las dificultades que enfrentó debido a la discriminación, la exclusión social y los prejuicios asociados a su identidad de género.
Uno de los mayores aportes de la serie es la forma en que desafía los modelos tradicionales
de representación de las personas trans en programas audiovisuales.


Históricamente, estos personajes han sido retratados mediante estereotipos simplificados o
como figuras secundarias dentro de las narrativas televisivas. “Veneno” propone una mirada
diferente, al situar actrices trans como protagonistas de las distintas etapas de vida de Cristina. Otorgándole
profundidad emocional, complejidad psicológica y una voz capaz de narrar sus experiencias
desde una perspectiva auténtica. Esta simple selección de actrices ya marca una diferencia, a comparación de otras piezas audiovisuales que trabajan estas representaciones con mujeres, e incluso hombres cisgénero.

Veneno y la deuda con Cristina

“Veneno” demuestra cómo la representación mediática de las mujeres trans y su
visibilidad pueden convertirse en herramientas de transformación social cuando son
abordadas con respeto y responsabilidad. La serie permite que las audiencias conozcan
experiencias que históricamente han permanecido fuera de los discursos dominantes. Lo que
fomenta la empatía y promueve una reflexión crítica sobre el tratamiento que los
medios han dado a las identidades trans. Más allá de la historia individual de Cristina Ortiz,
la producción abre preguntas claras: ¿Quiénes tienen derecho a contar sus historias?, ¿Quienes tienen la posibilidad? ¿De qué manera estas son presentadas ante el público?.

Desde esta perspectiva, la serie cumple una función reparadora, respecto a la imagen que durante años construyó la televisión sobre Cristina
Ortiz. En los años noventa, “La Veneno” fue un fenómeno mediático, capaz de atraer millones
de espectadores y convertirse en uno de los rostros más reconocibles de la televisión
española.

El legado de “La Veneno”

La grandeza de “Veneno” radica precisamente en que se niega a repetir esa historia. La serie
no utiliza a Cristina como un objeto de curiosidad ni como una figura destinada al morbo.
Por el contrario, la muestra como una mujer atravesada por el amor, el dolor, la ambición,
la soledad y la búsqueda constante de aceptación. Recupera a la persona detrás del mito y la transforma en leyenda. Devuelve una voz, que durante años fue eclipsada por titulares sensacionalistas y apariciones
televisivas diseñadas para generar impacto.

Quizás por eso el legado de la serie trasciende la pantalla. Porque no solo rescata la memoria de una figura fundamental para la visibilidad trans en España. Sino que también le otorga algo que durante mucho tiempo le fue negado, la posibilidad de ser recordada con dignidad.

La serie “Veneno” consigue dar una representación correcta de la realidad de muchas mujeres trans, visibiliza historias no contadas. Su narrativa no esconde matices, y eso la hace única. permitiendo que muchas mujeres trans, se identifiquen con más de algún personaje

Hoy, Cristina Ortiz sigue siendo un símbolo para nuevas generaciones de mujeres trans. No únicamente por haber sido una estrella de televisión, sino porque su historia evidencia tanto los avances alcanzados como las deudas que aún persisten en materia de inclusión y reconocimiento social.

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